Afro Blue en su cuarta edición recibirá a Mirla Riomar el viernes 6 de junio a las 19:00 horas. Mirla nació en Salvador de Bahía (Brasil), en una comunidad marcada por las tradiciones ancestrales africanas, aprendiendo desde temprana edad a comunicarse por medio de la danza y la percusión, algo muy importante en la formación de su personalidad artística. Mirla Riomar nos habla de su música, y de su participación en el festival.
¿Cómo nace tu pasión por la música?
Mi pasión por la música nace desde muy pequeña, en Salvador de Bahía, donde la música está en todas partes: en la calle, en la familia, en el alma.
Nací en una de las mayores favelas de Salvador de Bahía, el barrio da Paz, y desde pequeñita hice parte de muchos proyectos sociales. A los 12 años participé en un proyecto de percusión donde estudiaba con otros niños, donde empecé a cantar, y allí nació mi sueño de ser artista. Además, en mi casa la música ha estado presente en todos los momentos y siempre ha sido algo de mucha importancia.
Antes de estar en solitario estuviste en algunas formaciones, ¿qué te ha aportado esa etapa para tu música?
Esa etapa fue fundamental para mí. Me permitió ganar confianza, entender mejor al público y, sobre todo, aprender a «estar» en el escenario con presencia y naturalidad. Compartir escenario con tantos músicos diferentes fue una escuela constante: cada uno me enseñó algo, desde lo técnico hasta lo humano. También me ayudó a crecer mucho musicalmente, a abrir la mente y enriquecer mi forma de interpretar. Fueron años de mucho aprendizaje y mucha alegría.
Cambiaste de ciudad y te fuiste a Barcelona, ¿cuál fue esa razón de cambio y qué aportó a tu carrera musical?
Barcelona llegó a mi vida a través de Marcel, mi compañero de música y de vida. Vine por curiosidad y por ganas de compartir mi música y mi cultura con el mundo. Me encontré con una ciudad muy viva culturalmente, abierta a la diversidad. Me permitió conectar con otras músicas, con otros artistas, y me dio el espacio para expresar mi identidad afrobrasileña desde una nueva perspectiva. Fue un cambio profundo que me ayudó a expandirme.
Tu primer disco tuvo mucho recorrido y reconocimiento, ¿cómo recuerdas su creación?
Afrobrasileira fue un parto muy especial. Fue un proceso de autoconocimiento, de reconexión con mis raíces, de mucha emoción. Algunas canciones ya las había escrito antes, y otras nacieron durante el proceso de creación del álbum, a medida que iba tomando forma todo el concepto. Justo antes de la pandemia estaba tocando mucho (y cantando casi siempre versiones), y fue en pandemia cuando, encerrada en casa sin poder actuar, tuve el tiempo y la energía para empezar a dedicarme a trabajar mis canciones. Empezamos con Marcel, mi guitarrista, a armonizar los temas y darles forma, y después, cuando empezó a abrir el confinamiento, se juntó Alan, y entre los 3 producimos el álbum. Además, tuve la gran alegría de contar con la participación de muchos músicos que admiro, entre ellos, el maestro Letieres Leite, uno de los referentes de la música afrobrasileira, que nos dejó hace unos años.
¿Qué querías contar y transmitir con «Afrobrasileira»?
Con Afrobrasileira cuento mi historia desde la raíz, desde lo más profundo de lo que soy. Este disco representa ese Brasil que llevo en la sangre: el de las favelas, el de los descendientes africanos e indígenas, el de las mujeres que resisten y crean belleza en medio de las dificultades.
Cada canción es un pedazo de vida, de emoción, de memoria. Hay temas que escribí en momentos muy distintos, como “Zauê”, mi primera composición, que hice con solo 12 años cuando vivía en el barrio da Paz, en Salvador de Bahía, y que hacía parte de un proyecto social que cambió mi vida. La canción habla de los sueños de una niña y su esperanza por un futuro mejor. Me emocionó profundamente cuando la Fundación del Barça la eligió como banda sonora de su proyecto en una favela de Río de Janeiro.
También hay canciones muy personales como “Água Reboliçada”, que habla del porqué de mi nombre artístico, Riomar. Soy hija del lugar donde el río se encuentra con el mar, donde las aguas se mezclan y crean movimiento. De ahí viene mi forma de bailar, de cantar, de estar en el mundo.
Dos temas muy presentes en el disco son el empoderamiento femenino y el activismo negro. En “Canto do Mar”, por ejemplo, rindo homenaje a Yemanjá y a las mujeres negras de Bahía, mi tierra natal, donde el mar siempre ha sido símbolo de fuerza, espiritualidad y vida.
La ancestralidad atraviesa todo el álbum, pero la abordo de forma muy directa en canciones como “Pena Branca”, donde hablo de los caboclos y de las raíces indígenas de Brasil, y “Grande Orixá”, que es una de las más importantes para mí. En ella cuento el viaje espiritual y físico que me trajo a Europa, y cómo mi fe y los orixás fueron el sostén que me acompañó en ese proceso de transformación.
Afrobrasileira es, al final, un homenaje a lo que soy: mujer negra, migrante, artista, hija de la diáspora. Quería que cada persona que escuchara el disco pudiera sentir esa mezcla de fuerza, ternura, resistencia y belleza que me ha acompañado en el camino.


¿En qué momento creativo te encuentras?
Estoy en un momento de transición. Estoy componiendo nuevas canciones, explorando otros sonidos, ritmos… Me siento en un momento donde creo que estoy más conectada con las cosas que he vivido todo este tiempo fuera de mi país. He viajado mucho y tenido contacto con otras culturas, y pienso que esto se refleja en mis nuevas composiciones. Mientras que en Afrobrasileira estuve muy conectada a la música de raíz de Bahia y a los ritmos afrobaianos, me encuentro en un momento donde estoy más abierta a probar cosas nuevas.
¿Cómo es tu forma de componer?
La composición para mí es algo muy espiritual. Compongo desde los 12 años de edad. En el momento de la composición me conecto con algo del más allá… En realidad, las canciones me llegan desde este canal que me une a mi espiritualidad y a mi ancestralidad. La mayoría de las veces estoy en mi cotidiano y me llega una canción y poco a poco voy conectando las piezas que llegan, y también el sentimiento de la música. En mi historia de vida, he pasado por diversos caminos; soy descendiente de los pueblos originarios de Brasil y de los pueblos esclavizados de la diáspora africana, y en mi interior, abrigo diversas historias de mis ancestros, relatos que he escuchado desde pequeña… y pienso que mis canciones, además de tener un punto muy conectado con la espiritualidad, también tienen todas estas vivencias que tuve. Y cuando me va llegando… me llegan las letras con la melodía… y trato de respetarlo de la forma que me llega, ya que para mí esto es algo muy espiritual.
¿Qué te ayuda más a componer, las alegrías o las tristezas?
Creo que las tristezas, pero no la tristeza en sí, pero sí la superación que me generaron las situaciones tristes. Lo veo más desde la superación que desde la tristeza. En muchas de mis canciones cuento historias de superación, ya sean mías o de mis ancestrales. Mi historia de vida en sí es una historia de superación. Nacer en una de las mayores favelas de Salvador de Bahía, siendo mujer negra en una sociedad racista y clasista, no es nada fácil… pero cantar y componer para mí siempre ha sido un acto de resistencia y superación, y siempre he ido por este camino. Aunque, en esta nueva fase, me están llegando muchas canciones alegres y estoy empezando a conectarme con la alegría en mis canciones, y esto es una sensación nueva y bonita.
¿De qué música se ha nutrido Mirla para llegar a la fusión que tiene hoy en día?
Siempre me ha gustado mucho la música y he escuchado música de muchísimos estilos… desde la música popular de mi tierra al metal… Pero bueno, sobre todo creo que la música que más me nutrió desde pequeña son las canciones populares de mi tierra. Desde los cantos del candomblé (culto religioso afrobrasileño del que hago parte desde niña) a la música que se escuchaba en la calle, en las radios y en casa. Mi padre ha sido siempre un gran aficionado de Djavan y Gilberto Gil, así que crecí escuchándolos. En mi adolescencia pasé una época donde escuchaba mucho metal.
Posteriormente volví a conectarme con las raíces de mi tierra: Os Tincoãs, Batatinha, As Ganhadeiras de Itapuã, etc. También había un momento en que en Bahía se escuchaba mucha música de Haití (Kumpa); también me gustó mucho siempre Bonga, Dianne Reeves y muchos otros músicos de diversas partes del mundo.
Ritmos brasileños mezclados con jazz y soul, pero todo muy bailable, ¿cómo llegas a esa combinación de estilos?
En mi cultura, la música y la danza están totalmente conectadas. En Bahía, la danza es tan importante que los Orixás, dioses de mi “religión”, llegan a la tierra bailando, y a través de su danza, los tambores entienden qué ritmo tienen que tocar. Creo que por eso mi música tiene esta conexión tan fuerte con la danza. Y esta fusión viene de forma natural… Respeto mucho las melodías que me llegan, y junto con Marcel, mi guitarrista y quien armoniza mis canciones, y que viene del mundo del jazz, llegamos a este resultado. Además, en Brasil tenemos una música popular bailable y compleja armónicamente, como por ejemplo las canciones de Djavan, Gil, etc., y me he nutrido mucho de esta fuente también.
Estarás en Afro Blue, donde la música negra es protagonista. ¿Qué te parece este festival y qué te aporta a ti el hecho de ser de un estilo más o menos exclusivo?
Me hace muy feliz poder compartir mi música en un festival como Afro Blue, que celebra la riqueza de la música negra. Es muy especial para mí estar ahí, cantando en mi lengua nativa, con mis raíces afrobrasileñas tan presentes.
Aunque mi estilo pueda parecer más específico o poco común, me encanta ver cómo conecta con la gente. Estos espacios nos permiten abrir caminos, romper fronteras y mostrar que la música de raíz tiene mucho que decir y mucho que emocionar.
¿Cómo se prepara Mirla para un concierto, y qué nos vamos a encontrar en Afro Blue?
Para mí, preparar un concierto es entrar en conexión. Además de los ensayos, también hay un trabajo de energía y de conexión entre los músicos. Me gusta cuidar cada detalle: desde el repertorio hasta cómo me voy a mover en el escenario. Quiero que cada canción tenga vida propia.
En Afro Blue el público se va a encontrar con un show vivo, muy rítmico y con mucha alma. Llevo mis raíces afrobrasileñas al escenario con toda la alegría, la fuerza y la emoción que me definen. Será un viaje al corazón de Brasil, un Brasil que late al ritmo de los tambores.

¿Quiénes te acompañarán en el escenario ese día?
Estaré acompañada de una banda maravillosa, con músicos de Brasil, Senegal y España:
Marcel Vallès a la guitarra, Tony Cruz al bajo, Ed Moreira a la batería y Oumar Ngom a la percusión.
Ya hace tres años de tu disco, ¿no sé si podremos escuchar algún avance de tus próximos trabajos en el concierto?
¡Sí! Podréis escuchar mi nuevo single, Lembranças da Bahia, que lancé hace un par de semanas, además de algunos temas nuevos que lanzaré en el futuro.
Influencias
Muchísimas… pero voy a citar algunas: Gilberto Gil, Djavan, Margareth Menezes, Elza Soares, Os Tincoas, Dorival Caymmi, Orquestra Rumpilezz, Batatinha, Bonga y un largo etc…
¿Un sueño por cumplir?
Me encantaría poder volver al Barrio da Paz, a la favela donde nací y crecí, y crear un proyecto social como los de los que yo formé parte en su día… Son necesarios para ayudar e inspirar a niños y niñas, y mostrarles que hay otros caminos y un mundo más allá del barrio. Y por supuesto también seguir haciendo música desde la verdad y poder llevar mi arte a muchos rincones del mundo.
