Roger Bernat está dentro de la programación de Cádiz en Danza 2025 con dos propuestas: La elección (La scelta) y La consagración de la primavera, el jueves 12 de junio.

Bernat comenzó en el teatro y la danza a una edad muy tardía, pasados los veinte, y no lo hizo hasta que no comenzó a ser espectador: «Comencé a captar la esencia del arte y a tener la sensación de que se producía una conexión, no tanto con el escenario, sino una conexión entre los espectadores que me rodeaban y yo, que no se producía ningún otro tipo de acontecimiento, y eso fue lo que me animó a dedicarme a esto».

Desde ese momento dejó sus estudios de Arquitectura y comenzó a estudiar en el Instituto de Teatro en Barcelona, y hasta ahora. Tengo una formación de teatro, de dramaturgia y de dirección escénica, y mi afición por la danza viene de ser espectador de danza y de entender que las dramaturgias que me interesan son dramaturgias más direccionadas al cuerpo y a poéticas más libres que las que emanan del árbol de la literatura, y eso es algo que la danza nos ha enseñado a todos.

La elección (La Scelta) es un espectáculo en el que el público sigue el trabajo de la dirección de un festival. Como llegan una serie de vídeos y dosieres, esta dirección del festival tiene que escoger entre un montón de propuestas aquellas que construyan el festival que en ese momento se va a hacer. Yo tenía la sensación de que habíamos visto ya muchas veces narrado cómo funciona la creación de un espectáculo por parte de una compañía, desde Pirandello o desde Lorca, todo ese juego metateatral sobre ver al director dirigiendo y al autor quejándose y a los actores desorientados, eso lo habíamos visto mucho, pero la creación de un festival, que se ha convertido prácticamente en un acto creativo tan fuerte como la creación de un espectáculo, siempre había quedado como era, una caja negra, y como yo no dirijo festivales, sino que dirijo espectáculos, me llamaba mucho la atención ver cómo funcionaba eso. Entonces me dieron la oportunidad de estar durante seis meses dando vueltas por festivales italianos y asistiendo a los momentos en los que la dirección decidía qué espectáculos se tenían que programar. Yo estuve grabando todos esos encuentros y acabé construyendo un espectáculo en el que el público se pone en la piel de un grupo de directores y directoras de festival y tiene que tomar la decisión de qué espectáculo presentar en un hipotético festival. Por eso se llama la elección, y esta será mi primera intervención en el Festival. Es un espectáculo abierto al público. De todas maneras, en mis espectáculos el público antes de entrar siempre se arremanga porque sabe que le va a tocar trabajar. Como yo no trabajo con actores, el público toma la responsabilidad de tirar hacia adelante el espectáculo y, por tanto, no se produce este enfrentamiento entre unos personajes míticos y ultrapotentes. Todo lo tiene que asumir el público para tirar adelante las tareas del espectáculo.

No soy coreógrafo, entonces lo que me propuse es hacer el trabajo inmerso de lo que hace un coreógrafo. Un coreógrafo empieza con una serie de palabras que intenta llevar al movimiento y yo estuve analizando el movimiento de los bailarines de Pina para devolverles las palabras

Su segunda propuesta es La consagración de la primavera, que tendrá lugar el mismo día, pero a las 21:30 en el Gran Teatro Falla. Nos comenta que cuando decidió estudiar teatro descubrió a Pina Bausch, y que cogía el coche y se iba hasta Wuppertal para ver algún espectáculo de Pina. Era prácticamente una peregrinación ir hasta allí, ver el espectáculo y volverse. Llegó la oportunidad de hacer un espectáculo, y tomé la determinación de hacer uno de sus trabajos míticos, que es La consagración de la primavera. Yo no soy coreógrafo, entonces lo que me propuse es hacer el trabajo inmerso de lo que hace un coreógrafo. Un coreógrafo empieza con una serie de palabras que intenta llevar al movimiento y yo estuve analizando el movimiento de los bailarines de Pina para devolverles las palabras. Y esas son las palabras que recibe el público para poder reconstruir como arqueólogos esta coreografía mítica.

¿Y cómo ha sido su trabajo? ¿Cómo ha sido su realización? Fue una producción que hicimos en México y éramos un grupo muy variopinto de personas, básicamente mexicanas y yo, que estuvimos analizando la coreografía de Pina y traduciéndola a palabras de tal manera que se hiciera interpretable, como quien interpreta una partitura. Entonces, los 100 espectadores que veían el espectáculo se encuentran delante del reto de reconstruir esa pieza sin tener vídeo, solo teniendo la música y las instrucciones que permiten de alguna manera sostener esa pieza durante los 30 minutos que dura la partitura.

Este trabajo, La consagración de la primavera, es de 2010 y Bernat nos comenta que llevan como unas 250 funciones en 15 idiomas diferentes. Es una pieza que ha ido cristalizando hacia esta especie de fiesta desconcertante que significa darte cuenta de que estás bailando una pieza icónica del repertorio clásico como si estuvieras bailando en una noche del Primavera Sound.

Lo bonito en el teatro Falla es saber que es el teatro donde se desarrollan los carnavales, el concurso del carnaval. Hace un año estuve ya en el Falla y era bonito darse cuenta del lugar que ocupa el teatro en el imaginario de la ciudad. Yo tengo la sensación de que venir a ver La consagración de la primavera al Teatro Falla tiene un elemento añadido cuando de alguna manera te das cuenta de que es una prolongación del carnaval, porque en el carnaval uno cobra un personaje, representa un personaje que normalmente durante el año no le está permitido, y aquí en esta consagración, tú como espectador te toca hacer el papel de bailarín de Pina Bausch, cosa que no solo no haces durante el año, sino que probablemente es una irresponsabilidad.

Después de 15 años en escena, ¿qué es lo que te ha resultado más fácil y más complicado? Lo más difícil fue cuando estuvimos haciendo la creación de la pieza en 2010; fue realmente poner palabras a algo sustancialmente mudo como es una coreografía. Cuando estás pensando en una coreografía, te enfrentas no a un discurso narrativo, sino que te enfrentas a una serie de sensaciones, de evocaciones; tiene algo de poético, ¿no? Y, en cambio, el teatro siempre está muy sostenido por la historia, por la narración, por una cierta racionalidad así prácticamente cartesiana, que hay muchos creadores que intentan de la que intentan huir y yo tengo la sensación de que nosotros teníamos que quedarnos a mi mitad de camino ni llevarlo a una narración de ahora te voy a contar el cuento de esta persona que va a ser sacrificada, ni dejarlo en el ámbito de la danza donde el público probablemente no podría seguir las instrucciones de la pieza entonces bueno, era difícil quedarse en este lugar a mitad camino entre el universo de la danza y el universo del teatro.

Roger Bernat opina que el estado de salud del teatro y la danza en la Península Ibérica está desde hace unos quince años para los creadores que están girando internacionalmente. Quizás son creadores que no tienen la visibilidad en España que nos gustaría, pero que son compañías y creadores de primer orden que están dirigiendo los mejores teatros del mundo. Pero soy bastante optimista en lo que se refiere a eso. Incluso me parece un caso casi milagroso que haya habido como una generación de creadores que hayan podido desarrollar su trabajo desde un país que muchas veces tiene una red de teatros tan impermeable para las nuevas dramaturgias o para poéticas teatrales de autor.

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