Lola Parda volverá a estar en Madrid y Barcelona, los días 19 de septiembre y 8 de octubre, respectivamente, con su último trabajo, DOLORES. Un disco muy personal y que sigue la progresión de su carrera en solitario tras estar durante mucho tiempo en la formación argentina Perotá Chingó. Este álbum, compuesto por once tema, es un viaje personal, tanto sonoro como visual, porque profundiza en cada canción con proyecciones en los directos y mostrando dibujos que dan más empaque a sus composiciones. Ella misma nos habla de su carrera, de su música y de su disco DOLORES, que suena a jazz, a bolero, a soul…

Para entrar un poco en contexto en esta entrevista, ¿nos podrías contar cómo nace tu pasión por la música?

Cuando tenía 10 años, mi abuelo nos regaló una guitarra; automáticamente y sin mucha información, empecé a componer canciones que hablaban desde mi perro hasta mis primeros desamores. Ahí empecé a sentir que podía hacer música. Ya desde antes mi papá escuchaba Pink Floyd a todo volumen y era imposible no sentir el poder de la música y lo que generaba. Ya en la adolescencia me refugié en varios álbumes que iban desde Shakira hasta los Rolling y me acompañaban en mis distintos estados de ánimo. Todo eso fue generando la pasión que años más tarde empezaría a tomar como propia para salir a expresarme al mundo tocando en distintos eventos mis canciones con la guitarra. Creo que lo que más me atrajo de la música fueron las sensaciones que me generaban ciertas canciones y la posibilidad de expresarme a través de mis propias composiciones. 
 
¿En qué momentos decides que esta va a ser tu profesión y cómo recuerdas esos inicios?

Cuando nos viralizamos en YouTube con aquel video de Rie Chinito, filmado durante unas vacaciones por Uruguay con Julia Ortiz, que fue, por cierto, una de las primeras viralizaciones que se daban en la internet, empezamos a ver la respuesta de los seguidores y nos empezaron a llamar a abrir shows de grandes músicos como Djavan o Lenine. Ahí me di cuenta de que estaba frente a una oportunidad muy grande, que se me había dado. Yo no me consideraba música, más allá de componer y tocar. Creía que era un camino difícil y exclusivo para pocas personas. Yo me dedicaba a las artes plásticas. Ahí dejé todo y me entregué a un viaje con Perota Chingo que duró 12 años y donde pasaron cosas increíbles.

Si echas la vista atrás, ¿qué ha sido lo más fácil y lo más complicado en el sector musical para sacar tu carrera adelante?

Lo más fácil creo que ha sido salir de una viralización. Era un juego para nosotras y de pronto llegábamos a los distintos países y nos estaban esperando un montón de personas que nos recibían con mucho amor. Componer también siempre me fue lo más natural dentro de la música; podía expresar todo lo que me pasaba en canciones y muchas personas se sentían identificadas con eso.
Lo más difícil por momentos fue lo vincular, ponerse de acuerdo con las personas con las que estás trabajando. Por suerte, siempre me rodeé de seres increíbles. Igual siempre hay desencuentros y desgastes. Ser un proyecto independiente y dedicarle todo a cosas que la mayoría de las veces no son musicales, pero que son todo el trasfondo que hace posible estar tocando.
 
Trabajos en solitario, pero también con otros compañeros y formaciones, ¿qué te ha aportado para tu música ese camino que has tenido de compartir música?

Entender que el camino no se hace sola. Que es mucho más rico acompañado; que el otro, por lo general, aporta lo que te está faltando. Antes componía una canción por año y era una foto de todo un momento. Cuando empecé a juntarme a componer, se volvió un juego mucho más divertido, donde llegaba a lugares que jamás hubiese llegado sola… Eso me fascina.
En cuanto a Perota, vivir todos esos años en grupo ha sido el aprendizaje más grande de mi vida, mi escuela. Lo que me llevó a conocer muchos lugares del mundo y muchas personas que hoy son mi red, mi familia.
 
Diversidad musical en tus canciones, ¿hay que romper etiquetas en la música y qué te lleva a cada uno de los géneros con los que transmites tanto en cada canción?

Creo que he grabado un 5% de las canciones que compuse. Las cuales van desde canciones para niños a lo que a mí me gusta llamar “canciones degeneradas”, que no entran en ningún género. Me gusta entregarme a lo que está bajando en ese momento de sentarme a componer. Después quizás no lo grabe y no forme parte de mi repertorio. Elijo grabar y tocar lo que me identifica como artista. Lo que resuena con mi mensaje. Tengo un grupo de composición con Juana Aguirre y Nicolanda, donde estamos haciendo un songbook de 100 canciones y todos los géneros son bienvenidos. Luego esas canciones tienen su propio viaje; algunas son grabadas por otras personas. También me junto mucho a componer para otros proyectos. En cuanto a mi música, me parece mucho más rico tocar lo que me identifica sin importar qué género es, que dedicarme a un solo ritmo. 


 


En estos momentos estás con tu último trabajo, DOLORES, ¿cómo nace?

Dolores nace de una necesidad de expresar una gran tristeza. Me junté con mi amigo Lowrenz, un gran arreglador y músico de jazz de Buenos Aires. Hablábamos mucho de lo que estaba sintiendo en ese momento y en cada charla salía una composición que contaba un poco de esa sensación. Cuando juntamos las suficientes canciones para hacer un álbum, entre las que hicimos juntos y otras que yo ya tenía, nos metimos en Mawi Road a grabarlas con unos musicazos de Buenos Aires. Quería hacer un disco made in Argentina, un “clásico”, un álbum que traspasara las épocas y que trajera lo más rico de la música que nos representa.
 
DOLORES es mucho más que un trabajo musical; hay cine y artes plásticas. ¿Cómo fue esa creación y de dónde surge esa idea de combinar distintas disciplinas culturales?

Al finalizar de grabar el álbum, y sabiendo que junto con un álbum viene toda una identidad visual, llamé a Madretierra Evans Kurchan. Una artista plástica, fotógrafa y acompañadora de procesos. Yo quería entrar más profundo en la identidad de Dolores y amplificar con imágenes todo lo que ya estaba dicho en el álbum. En esa búsqueda y juntando muchas personas muy grosas del cine, es que terminamos haciendo una película sobre Dolores. En medio de todo este proceso encontré una forma de dibujar y pintar que resonaba con esta etapa y mis dibujos fueron animados y forman parte de la película. Creo que esta obra me abraza íntegramente, partes de mí que tenía separadas la una de la otra y que siempre fantaseaba con unir. Hoy en día estoy haciendo una gira donde voy presentando el show, exponiendo dibujos y la película en los distintos países por los que pasó. Al mismo tiempo, estas animaciones y fragmentos de la película forman parte del show en vivo.
 
En esta creación, ¿qué dificultades has tenido para sacar adelante el proyecto?

Creo que ser la directora de todo este proyecto ha sido difícil, porque vengo acostumbrada a trabajar en sociedad. Ser independiente es estar todo el tiempo agarrando todas las aristas y estar muy atenta a todo el equipo enorme de personas que junté para hacer esta obra. Hoy en día estoy viajando y tocando con músicos locales, que es algo que tenía muchas ganas y puedo hacerlo gracias a que toda la música está escrita en partituras por Lowrenz. Sería más fácil tener todo resuelto y solo ir a hacer música, pero también me da mucha satisfacción conocer todo lo que hace posible llevar adelante una obra así. 

¿Si tuvieras que describir un directo de Dolores cómo sería?, lánzanos una invitación para no perdernos los dos conciertos que tienes en España.

El directo de Dolores es un show donde se combina toda esta búsqueda. Me acompañan grandes músicos de jazz; la música es una delicia. Yo me permito expresarme entera sobre una base tan sólida y rica. Y está integrada por toda esta gran obra. Hay partes de película, hay animaciones. Hay muchas sensaciones que se combinan y creo que son atractivas tanto para músicos como para personas que disfrutan de la música.


 
Es un directo complicado el de proyectar todo en directo y mostrar el proceso creativo con dibujos. ¿Un plus para captar más la esencia de cada letra? ¿Es una retroalimentación de imagen y sonido en este caso?
Hubo mucha búsqueda en esta obra. Y sí, las imágenes están hechas para la música y amplifican las sensaciones. Aportan sorpresa también cuando no sabes qué más esperar.  Nacen de una misma identidad. 

A la hora de componer, ¿qué te inspira más, las alegrías o las tristezas?
La tristeza, sin duda. Se me vuelve una necesidad componer cuando estoy triste. Cuando estoy feliz, estoy viviendo la felicidad o compongo cosas desde el juego. Pero cuando estoy triste, es cosa seria; voy al fondo y sano por medio de la música y la palabra y eso es divino.
 
¿Qué influencian tus letras?
Las vivencias, el mundo, el dolor. Todo lo que me atraviesa con intensidad. Los vínculos.
 
Si me respondieras con una sola palabra que describiera a
Lola Parda: Pasión
La música. Divinidad
La actualidad: Dolor
El sector musical: red
Un directo: Dolores
(Si es una sola cosa, toda diría Pasión y Dolores).
 
¿Un sueño por cumplir?
Esta gira…
Cantar con Caetano Veloso sería ya lo próximo y máximo.

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