Foto de Larisa López

Nómadas es el segundo trabajo personal de Lucía Rey. La artista es una gran profundizadora de los sonidos, de indagar, estudiar y analizar culturas sonoras para llevárselas a su terreno. Este disco es un fiel reflejo de ello, de un viaje musical donde todo transita con gran naturalidad, donde nada está fuera de lugar ni fuera de la esencia de Lucía. Sus composiciones han aunado su inquietud y vitalidad sonora.

Hoy jueves 5 de marzo estará actuando en la Sala Babylon de Madrid, una gran oportunidad para ver cómo ha crecido este trabajo que ya lleva girando un tiempo y con el que hace poco ha recibido el Premio Plataforma España Jazz 2026/27.

Tu último trabajo, Nómadas, tiene ya un gran recorrido, y mirándolo en la distancia, ¿cómo recuerdas el proceso creativo y la grabación de éste?

El proceso creativo lo recuerdo como un momento muy intenso y de mucha escucha interior. Más allá de buscar una sonoridad concreta, necesitaba contar algo. Nómadas es casi como un libro; cada tema funciona como una historia independiente, con su inicio, su desarrollo y su desenlace. Para mí fue un ejercicio de encontrar qué quería decir y cómo traducir esas historias en sonido.

Fue un periodo de mucha libertad, pero a la vez a veces también sentía vértigo por ésto. Hubo intuición, pero también dudas. Días en los que una idea me parecía genial y al siguiente la cuestionaba. Ese vaivén también forma parte del proceso creativo real; la fe en lo que haces convive con la incertidumbre, y creo que eso le dio verdad al disco.

La grabación es siempre el momento donde más se aprende. Todo lo que has imaginado en tu casa, en tu cabeza, de repente toma forma en el estudio con tus compañeros. Ahí la música deja de ser sólo tuya y se convierte en algo colectivo. En el caso de Nómadas, lo viví con muchísima ilusión, con sorpresa incluso, porque las cosas crecían a veces más de lo que esperaba. Hubo nervios, claro, pero sobre todo hubo una sensación muy fuerte de estar haciendo algo en lo que creía profundamente. Lo recuerdo como algo emocionante.

Durante este tiempo, casi dos años, ¿cómo ha crecido y variado el disco con los directos?

Ha crecido mucho. El directo le ha dado al disco una dimensión mucho más amplia. El jazz, por su propia naturaleza, contiene ese espacio de improvisación que permite que la música nunca sea exactamente igual. Y eso hace que cada concierto no sea una repetición, sino una evolución.

También influye mucho la energía del público. Cada sala, cada contexto, cada escucha genera una respuesta distinta, y eso inevitablemente contagia a la banda. En mi caso, me gusta observar lo que sucede en esos momentos espontáneos; a veces surgen ideas nuevas en medio del escenario que luego decido mantener, integrar o desarrollar más adelante. También veo qué elementos pueden funcionar mejor y me gusta inventarme nuevos momentos de improvisación para que los temas estén vivos. El directo se convierte así en un laboratorio creativo.

Además, los temas se han hecho más nuestros. Cada músico hemos ido impregnando las piezas con nuestra propia energía, nuestra forma de entender el ritmo, el espacio y la improvisación. Eso ha enriquecido mucho el repertorio. Ahora mismo siento que Nómadas en directo tiene más profundidad, más riesgo y más identidad colectiva que cuando salió del estudio.

En este disco introduces una keytar, ¿cuéntanos qué ha aportado este instrumento al disco y a tu música en general?

La keytar llegó en un momento muy significativo, porque me la regalaron justo cuando estaba en pleno proceso de composición del álbum. Empecé a experimentar con ella, jugando, y terminó convirtiéndose en una herramienta clave, sobre todo en el tema Nómadas, que desde el principio intuía que iba a ser el eje del disco.

Trabajando con grooves, pedaleras y loops, descubrí nuevas texturas. Tenía una pedalera que generaba un efecto muy evocador, como una sensación de duna, de desierto, y eso conectaba muchísimo con la idea de viaje y movimiento que atraviesa el álbum. La keytar me permitió acercarme al instrumento desde otro lugar, a veces como si fuera un bajo, otras como un sintetizador, otras como un teclado más atmosférico.

Ha aportado una dimensión más electrónica y más expansiva en algunos temas, creando capas de sonido que antes no estaban en mi lenguaje habitual. Pero más allá de lo sonoro, también me ha dado libertad física y escénica. Me ha permitido moverme, interactuar de otra forma en el escenario.

Dices que todas las melodías de este disco han sido cantadas por ti durante la composición, ¿cómo ha sido esa forma de componer con respecto a otros trabajos?

Yo compongo mucho desde imágenes, desde pensamientos y desde historias. Antes incluso de sentarme a estructurar algo musicalmente, necesito saber qué estoy contando, qué atmósfera quiero generar y qué emoción quiero transmitir. Cuando me meto en ese universo, las melodías empiezan a aparecer de forma muy natural, y casi siempre las canto mientras las toco al piano.

En este disco el proceso ha sido muy así: primero la melodía cantada, sentida en el cuerpo, y después la armonización. En algunos casos incluso surgían melodía y armonía al mismo tiempo, como si ya estuvieran conectadas desde el origen. Eso hace que la música tenga algo muy orgánico, intuitivo.

Creo que esa manera de trabajar también explica por qué el álbum tiene tantos coros. La voz ha estado presente desde el inicio del proceso creativo; es un disco muy melódico en ese sentido. Y eso lo diferencia de otros trabajos donde quizás el punto de partida era más armónico-rítmico.

En cierta forma, y no solo por el título, Nómadas es un viaje musical, por su amplitud de musicalidades que has incluido. Entiendo que muchas culturas te han marcado para que transites por ellas en los temas, pero ¿qué te ha quedado por incluir en el disco?

Para mí, Nómadas es un disco bastante redondo, en el sentido narrativo, porque tiene un principio, un desarrollo y un desenlace muy claros. Empieza en Oriente y termina en Oriente. Hay una intención de recorrido muy consciente, casi circular, como si el viaje volviera transformado al punto de partida.

Las sonoridades, las culturas e imaginarios por los que transito son estaciones concretas dentro de un trayecto definido. En ese sentido, el disco está cerrado tal y como lo imaginé.

Ahora bien, evidentemente es una pincelada. Es un paso por esos territorios, por esas sonoridades. ¡Siempre se podría hacer otro trabajo que profundizara más en ciertas raíces, en determinadas métricas o en universos sonoros más específicos, quizás en el próximo álbum!

Foto de Larisa López

En una ocasión me dijiste que “el lenguaje del jazz en sí mismo expresa evolución y búsqueda de una voz interior constante”; ¿qué has mostrado de tu voz interior en este disco que no hubieras hecho ya anteriormente?

Creo que los segundos discos son un momento clave para cualquier artista en su búsqueda de la propia voz interior. En Nómadas, siento que mi voz está más definida. He trabajado la sonoridad y la forma de manera muy consciente, mezclando el lenguaje contemporáneo del jazz con influencias mediterráneas, que son parte esencial de mi expresión.

También he explorado los coros como capas instrumentales, tratándolos casi como un instrumento más, y he reforzado una narrativa compositiva que convierte cada pieza en un relato. Sigo en la búsqueda de mi voz, pero cada vez me reconozco más.

Premio Plataforma España Jazz 2026/27, ¿qué significa para ti?

Recibir el premio Plataforma Jazz España es un auténtico honor y estoy muy agradecida. Es un gran reconocimiento de los programadores y profesionales que forman parte de esta plataforma y significa que mi trabajo conecta con personas que entienden y valoran este universo musical. Me llena de alegría y me impulsa a seguir explorando y compartiendo mi música.

El próximo día 5 estarás en la Sala Babylon, ¿qué significa para ti este concierto, y qué opinas como artista del hecho de que se abra una nueva sala donde el jazz pueda estar presente?

Estoy muy ilusionada con el concierto del día 5 en el Club Babylon. Que se abra un nuevo espacio para la música en directo es fantástico, especialmente para el jazz, que necesita lugares donde poder expresarse y conectar con el público. Creo que apoyar iniciativas como ésta es fundamental, y más aún cuando voy acompañada de mi banda; compartir nuestra música en un espacio nuevo siempre es una experiencia especial.

¿Quiénes te acompañarán ese día en el concierto?

Me acompaña una banda de lujo: Miquel Álvarez al contrabajo, Alberto Brenes a la batería, Fernando Brox a la flauta, y yo al piano y a los coros.

Ya que el disco se titula Nómadas, ¿a qué lugares te ha llevado que no hubieras estado antes actuando?

Nómadas me ha llevado a lugares que nunca había visitado, como la gira por Argentina (Festival Internacional de Jazz de Buenos Aires, Rosario, Córdoba), Uruguay (Montevideo), Guatemala… y en Europa: Francia, Jazzequinoxe en Córcega o, como en Italia, el Sicilia Jazz Festival… Y, por supuesto, en España, con momentos muy especiales como tocar en el Festival de Música y Danza de Granada.

¿Próximos proyectos?

Seguimos con la gira de Nómadas por festivales como Jazz à Vienne en Francia, Jazzahead en Alemania, gira en Brasil y en España, en festivales lindísimos como el Menorca y Canarias Jazz Festival. Además, estoy terminando la música de una pieza de circo que se estrenará en mayo y preparando mi próximo álbum, que verá la luz pronto. Es un momento intenso y que me tiene muy ilusionada.

¿Un sueño por cumplir?

Mi mayor sueño es que mi música siga creciendo, que llegue y conecte cada vez con más personas. Imagino poder compartirla en festivales como Montreux o Marciac, con giras nacionales e internacionales potentes, y contar con un equipo que me acompañe y potencie cada paso, para que la música llegue a su máximo.

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