© Juan Carlos Toledo & Danilo Morino
En esta edición número 22 de Ellas Crean, el número de espectáculos de danza que se podrán disfrutar son seis, cinco en museos –Museo de América, Museo del Traje, CIPE, Museo Nacional de Artes Decorativas, Museo Arqueológico Nacional-, y uno en el Centro Cultural Eduardo Úrculo. Después de la conversación que pudimos tener con Concha Hernández, ahora tenemos la oportunidad de conocer de la mano de Mey-ling Bisogno, comisaria de danza del festival, cómo ha sido su función durante su trayectoria en el festival y para esta edición.
¿Cómo nace la pasión de Mey-ling Bisogno por la danza?
Crecí en una casa donde el arte era cotidiano: mi madre era artista plástica, tocaba el piano y amaba la ópera. Empecé ballet a los cinco años y entendí muy pronto que la danza reunía todo lo que me fascinaba: música, imagen, emoción y movimiento.
Muchos años en el sector, ¿cómo ve y ha vivido Mey-ling la evolución de la danza?
La transformación más importante ha sido la conciencia sobre el cuerpo. Hoy la formación es más respetuosa, más completa y más inteligente. Se han corregido prácticas lesivas y se ha integrado el cuidado como parte esencial del proceso artístico.
En cuanto a la danza contemporánea y española, ambas viven una evolución imparable: son lenguajes vivos, permeables, en diálogo.
Desde el año 2019, comisaria de la programación de la sección de la danza en Ellas Crean, ¿cómo surge tu participación en el festival?
Ellas Crean está dirigido por Concha Hernández, una gran defensora de la danza. En 2019 me ofreció esta maravillosa oportunidad y desde entonces trabajamos juntas con enorme cuidado e ilusión en el proyecto “Danza en los Museos” dentro del festival. Es una colaboración basada en la confianza y en una visión compartida.
En tu carrera tanto en el festival como con tu compañía apuestas por mostrar el trabajo femenino dentro de la danza y la cultura, ¿con los años esta labor se ha vuelto más necesaria?
Absolutamente. Las creadoras son mayoría en el sector, pero esa realidad no se refleja en las programaciones. Hasta que exista un equilibrio real, esta labor seguirá siendo necesaria.
En estos años dentro de Ellas Crean, ¿qué ha sido lo más fácil y lo más complicado a la hora de programar?
Lo más fácil es la enorme cantidad de creadoras talentosas. La oferta es amplia y de altísimo nivel.
Lo más difícil es elegir. Cuando el talento abunda, la decisión se vuelve un ejercicio de responsabilidad.
¿Qué buscas, más allá de que el proyecto tenga creación femenina, en una obra para que esté en el cartel del festival?
Calidad, riesgo y capacidad de diálogo con el espacio. En un museo no basta con presentar una pieza: debe transformarse con la arquitectura y generar una experiencia única.






Varias obras que se estrenan en el festival, ¿nos puedes hablar de cada una de las obras, y el porqué de su elección?
FLOR DE DESIERTO – Cristiane Boullosa
Cristiane es una figura muy relevante en la danza. Su creación coreográfica se basa en la improvisación y la composición en tiempo real. Sus obras siempre sorprenden y conmueven; sus intérpretes manejan los códigos con una maestría extraordinaria.
Además, su trabajo genera una sinergia natural con los espacios. En un museo, esa capacidad de escucha y adaptación es un verdadero lujo.
LA PEOR DE TODAS – Inés Narváez Arróspide (10&10)
Inés es una creadora sublime: salvaje, elegante y profundamente combativa, todo a la vez. La obra propone un acercamiento sensible y poético a la figura de Sor Juana Inés de la Cruz.
A través de la danza, se construyen narrativas que dialogan con su palabra: del silencio al pensamiento, del brotar creativo al enfrentamiento con la censura, hasta alcanzar la trascendencia. La danza, como la escritura de Sor Juana, se convierte en un acto de libertad.
Elegí esta obra porque nos recuerda algo esencial: la danza también puede ser un acto de resistencia.
Hay artistas que están este año que ya han estado en algún momento en el festival, ¿es una forma de mostrar la evolución de la artista y de la danza en sí?
Este año el festival se presenta en una versión más concentrada y hemos apostado por una programación de seguimiento. Algunas artistas repiten por distintas razones.
En ciertos casos, tras el periodo de pandemia, queríamos ofrecerles la oportunidad de presentar su trabajo en mejores condiciones. En el caso de creadoras emergentes, nos interesaba acompañar su evolución ahora que están más consolidadas. Programar también es acompañar procesos.
¿Qué plus aporta disfrutar de una obra dentro de un museo, sacándola de una sala?
Los museos son espacios de contemplación. La danza introduce movimiento, altera el paradigma y convierte esos espacios en territorios vivos.
El público puede dejarse sorprender por una especie de “arte cinético” hecho cuerpo, hecho presencia, hecho danza.
La danza convierte el museo en un organismo vivo.
¿En qué estado de salud está hoy en día la danza, y concretamente la creada por mujeres?
Creativamente, en plena vitalidad. El desafío no es artístico, sino estructural: equilibrar las oportunidades.
¿Qué importancia crees que tiene Ellas Crean dentro de la cultura?
Un recordatorio necesario de la excelencia y el compromiso de las creadoras. También una llamada firme a la igualdad real en las instituciones culturales.
¿Un sueño por cumplir?
Ser abuela.

