La violinista/violista Raquel Pavón y el polifacético Miguel Otero se unen para ofrecernos su álbum «Through That Garden Gate« (Noray Records, 2026), y que ya está disponible desde el pasado 6 de marzo. El LP se compone de ocho temas -música ambient- que son ocho travesías sonoras que exploran la serenidad, la naturaleza y la invitación a pensar. Todo ello con si de una poesía instrumental se tratase, que transforma el trabajo en su conjunto en una obra muy recomendable para diferentes ocasiones. Juegan con la estética musical de no necesitar la palabra como medio para expresarse, solo con sus melodías y composiciones cargadas de matices.
Ambos han accedido a respondernos a unas preguntas para que podamos conocer mejor este trabajo, Through That Garden Gate, y también su mirada ante la música.
Cómo nace vuestra unión?
R: Conocí a Miguel a través de un amigo común, Mario, que también es músico y diseñador (es el responsable del diseño gráfico del álbum). Me gustó mucho su música y le pregunté un día si le apetecía componer algo juntos con sintetizadores y cuerdas.
M: Bueno, Raquel resume bastante bien la toma de contacto, pero me gustaría destacar también el desarrollo de nuestra unión: cuando empezamos a hablar, realmente no sabíamos qué queríamos hacer: si un disco, una canción, conciertos, o simplemente pasar el rato disfrutando.
Y lo más coherente en ese momento para ver hacia dónde nos llevaba ese acercamiento era empezar a darle forma a un disco, ya que desde mi punto de vista cubre todas las necesidades que pueda tener una persona que se dedique a la música, al aportar una visión global y conjunta de un proceso creativo.
¿Qué significa para vosotros la música más allá de vuestra profesión?
R: En mi caso, y aunque suene contradictorio porque me dedico a ello, creo que siempre me ha gustado más la música que ser músico. Quiero decir, me encanta tocar el violín y la viola, pero aún es más importante para mí escuchar música, ir a conciertos, compartirla con otras personas… Es una parte fundamental de mi vida.
Through That Garden Gate es también un cuento ilustrado, no sé si vuestro trabajo tiene que ver con el libro de Sharon Rose
M: La verdad es que no conocía ese cuento, pero es una casualidad muy bonita. El título lo tenía escrito en mis notas desde mucho antes de conocer a Raquel, y viene de una canción del disco Another Green World de Brian Eno. Ya le estaba dando forma a un concepto parecido al de Through That Garden Gate, a una serie de canciones que tenía compuestas, y al unificar ideas y visiones vitales con Raquel, lo rescatamos.
Después de escuchar el disco, me ha transmitido muchas cosas, tranquilidad, relax, naturaleza, verdad, emocionalidad, una sensación de recorrer caminos personales, donde el pensar está ahí, ¿qué es lo que querías contar vosotros con vuestras composiciones?
R: Muchas gracias por tus palabras. La verdad es que, aunque comenzamos este proyecto de manera un poco improvisada y experimentando, poco a poco fuimos hablando sobre temas que nos preocupan o nos interesan y eso ha terminado influenciando las composiciones. Nuestro estado anímico durante el proceso creativo también fue variando: hay algunos temas más oscuros y otros que suenan más luminosos.
M: Durante las sesiones de grabación hablábamos mucho de música y también de lo que tocara del panorama político, con unas conclusiones muy parecidas sobre ecología y orden mundial. Y eso debía formar parte del concepto de álbum porque realmente se estaba plasmando en las grabaciones.
Así que Through That Garden Gate parte de entender que la naturaleza no es algo externo, sino algo que habita en nosotros y en los pequeños gestos de cada día: disfrutar de una manzana después de comer, cuidar una planta en casa o caminar por el parque escuchando a los pájaros.
A partir de ahí, el concepto se amplía hacia ideas como la ayuda mutua y la cooperación por el bien común, que al final han sido claves para que nuestra especie prospere como parte de la propia naturaleza.

¿Cómo ha sido el proceso de composición?
R: La mayoría de los temas han partido desde la improvisación conjunta. Luego lo escuchábamos y, si nos gustaba, le dábamos estructura e íbamos añadiendo otras líneas armónicas, melódicas, texturales o ambientales. En el caso de “Apple Seed” fue diferente: juntamos dos ideas que traíamos por separado y fuimos encajando el tema por secciones y añadiendo capas. “In the August Moon” también fue diferente, ya que era un tema previamente compuesto por Miguel al que añadimos la textura de las cuerdas.
¿Desde dónde nacen estas canciones?
R: Creo que desde la necesidad de hacer algo creativo y disfrutar del proceso, más allá del resultado.
Decís que las canciones no han sido retocadas, que han sido grabadas tal y como las pensasteis; ¿Qué plus os aporta esta forma de grabación?
M: Sí, de las ocho canciones, solamente dos estaban casi estructuradas antes de empezar a trabajar juntos.
Y bueno, que la gran mayoría se haya grabado en vivo, los dos a la vez después de una conversación tranquila en el estudio, aporta mucha sensibilidad al crearse un sonido casi orgánico.
Eso sí, no creo que sea un plus porque hay mucha música grabada en vivo y es algo que hay que visibilizar más. Tenemos que darle el valor artístico que tiene.
El disco ya lleva tiempo grabado; podríamos decir que os quema un poquito las manos para lanzarlo, ¿y cuál es el hecho de que tarde tanto en salir? Supongo que será un poco por el mercado en sí, y vuestras agendas.
R: Bueno, entre otras cosas, acabo de ser madre, y eso ha hecho que retrasáramos todo un poco. Pero tampoco teníamos prisa y hemos preferido ir despacio y tomar las decisiones con calma, así que no nos ha supuesto un problema.
M: Exacto. De todas formas, desde el primer día de grabación hasta el último día de mezcla ha pasado menos de un año, que tampoco me parece mucho tiempo teniendo en cuenta que habremos hecho unas 12-15 sesiones.
De todas formas, para llevar a cabo un proyecto como este es necesario ir sin prisas para poder definir hacia dónde queremos llegar; podríamos haber caído en la clásica composición de música ambient con mucha reverberación difusa, pero gracias a tener tiempo para desarrollarlo, nos dimos cuenta de que el camino que debíamos tomar para expresar el concepto era el de un sonido más orgánico y cercano donde se escucharan los matices de la interpretación. Y la perspectiva de todo cambia.
¿Cómo es la elección de lanzar un single, porque una canción y no otra?
M: Bueno, ese tipo de elecciones no tienen nada que ver realmente con ningún proceso creativo o preferencia personal; al final si queremos lanzarlo a plataformas digitales y moverlo por redes sociales, tenemos que adecuarnos a unos estándares dentro de la industria.
En el caso de A Single Chord Played in the Entire Forest -primer single que sacamos- decidimos que era el más adecuado porque reunía ciertas características que a nuestros potenciales oyentes les podía servir como puerta de entrada al disco. A parte, su duración es de menos de tres minutos, lo que lo hace mucho más asequible como carta de presentación.
Vivimos en un mundo volátil, muy aéreo, que podría ser como vuestra música, al ser muy instrumental, pero que realmente nuestra era es de ahora en el momento, ¿la música instrumental se valora como se debiera en nuestros tiempos?
R: Puede parecer que la música instrumental se infravalora, sin embargo, mucha gente reconoce que la utiliza para estudiar, trabajar, meditar o relajarse. Creo que es parte del día a día de muchas personas aunque no haya mucha conciencia de ello… Quizá el problema sea que en muchos casos se ve simplemente como “música de fondo” para cuando se están haciendo otras cosas. No pasa nada (yo misma reconozco que lo hago muchas veces) pero otro tipo de escucha más consciente puede ser más gratificante.
M: Es exactamente lo que dice Raquel, y hoy día todo tiene su público. Por suerte, el consumo de música se ha democratizado bastante y ya no forma parte de una élite ilustrada y formada. Además, las personas más jóvenes -el futuro próximo- consumen música más variada y menos encasilladas en etiquetas, tienen menos prejuicios que las personas de nuestra generación, por ejemplo.
¿Qué espacios veis como los idóneos para vuestros conciertos?
M: Siempre fantaseo con llevar este disco a una iglesia o capilla, donde todos los sonidos se integren en el espacio envolviendo al oyente. Es un disco que, para mí, suena a la naturaleza que nos rodea, y un espacio como una iglesia nos permite acústicamente rellenar el espacio con sonidos que pueden pasar desapercibidos, invitando a una escucha no tan activa, formando parte del ambiente. Más o menos lo que cuando vas al bosque.
Ambos os movéis, o habéis colaborado, con otras formaciones, que pueden incluso distar mucho de la musicalidad de este disco, ¿qué os aporta esta trayectoria a la hora de llevar a cabo este trabajo?
M: Creo que la música es música y todo parte de unos principios comunes, así que realmente es todo lo mismo por muchos matices que le queramos dar. Eso sí, hay que escuchar y estudiar mucho para tener una mente y oídos abiertos e interpretar qué sucede y qué podemos aportar; unificar las necesidades de la música que se está creando.
Al mismo tiempo supongo que tendréis referentes distintos, pero ¿qué punto de unión pudiera haber en vuestras influencias musicales?
R: Creo que también ha sido en parte a que tenemos una sensibilidad musical parecida, independientemente de los estilos en los que cada uno se haya movido más.
La música instrumental aporta mucho a la cultura en muchos aspectos, cine, teatro, danza, ¿habéis trabajo en alguno de ellos, este trabajo podría formar parte de algún proyecto?
M: Me he dedicado bastante a componer para videojuegos y animación independiente, pero cada vez los presupuestos son menores y se delegan funciones a otros campos para ahorrar costes.
Y bueno, no lo hemos hablado Raquel y yo, pero si alguna productora o cineasta quiere comprar la música del álbum, aquí estamos para escuchar la propuesta. Puede funcionar con cualquier proyecto que busque sensibilidad, poesía, delicadeza y fragilidad, por ejemplo.
Próximos proyectos
R: Yo estoy en una etapa más calmada debido a la maternidad, pero poco a poco iré retomando proyectos musicales. Tengo muchas ganas de volver a tocar con mi grupo Roda Viva, en el que hacemos músicas del mundo, y quizá componer juntos nuevos temas.
M: Dentro de mi proyecto personal, pronto iré sacando una serie de EPs que me ha encargado el sello Noray Records de David Cordero, y para otoño espero poder sacar un nuevo álbum también bajo el mismo sello.
¿Un sueño por cumplir?
R: Para mí también ha sido un sueño cumplido poder hacer un proyecto creativo y singular como éste. Además, siempre he fantaseado con ser parte de un cuarteto de cuerda estable, como violín segundo o viola. Me encanta la música de cámara y me encantaría poder compaginarlo con proyectos como el que he hecho con Miguel.
M: Según cuando me preguntes, seguramente te dé una respuesta diferente. Pero si hablamos de este proyecto, para mí ha superado ya cualquier expectativa y es un precioso sueño cumplido, porque seguro que cuando lo escuche dentro de cincuenta años me seguirá emocionando como ahora.
