Queda más que evidente, después del visionado de Los domingos, que nos encontramos ante una de las creadoras, Alauda Ruiz de Azúa, dentro del sector cinematográfico que más nos hace empatizar con sus historias, en captarnos, ante todo con sus diálogos, tan atrayentes como reflexivos.

Ya ha demostrado en sus anteriores trabajos, Cinco lobitos y Querer, que la familia es un tema recurrente, pero no repetitivo. Sabe tratarlo con la mayor de las virtudes, que es indagar en aristas nada cómodas, porque intenta buscar en situaciones, a veces, extremas, sin decir que no sean veraces; ahí deja todo a interpretación personal.

La directora aboga por esa conciliación del diálogo, de la necesidad de dejar que la personalidad de cada protagonista busque su camino, fiel a sus sentimientos, más allá de lo que la sociedad imprima en las familias y los integrantes de la misma opinen. Sus personajes principales femeninos huyen de no dejar de lado su libertad, que en algún momento ha sido impuesta de antemano. Aquí en Los domingos, la protagonista, Ainara, navega entre vivir como una adolescente de su edad o dejarse llevar por la llamada de la fe, algo que llena su vida, pese a que esa decisión haga tener reacciones distintas en las personas que están en su entorno más directo. ¿Quiere la directora posicionarse? Creo que totalmente lo contrario; logra durante todo el metraje ver las distintas miradas, pensamientos y opiniones, y que cada espectador saque sus propias conclusiones.

Los domingos no tiene ningún momento al azar, todo va hilado, y bien hilado. Posee una buena conjunción entre cada uno de los personajes, que hace de una película que, a priori, pudiera parecer una cinta de protagonista principal, para llevarnos por un gran elenco que hace un gran trabajo coral, incluyendo a la iglesia y su creencia como uno más.

Tender la mano a un diálogo es una seña de identidad por parte de Alauda Ruiz de Azúa, pero siempre sin imponer nada. Tiene esa capacidad de desgranar cada personaje al milímetro y dejar al descubierto sus tripas emocionales, tan impactantes como normales, porque todo lo trata desde la naturalidad, desde la esencia de la verdad de los protagonistas. Los diálogos aquí son el punto cardinal a destacar por encima de todo; la directora sabe utilizar tan bien la palabra como la actuación de cada artista, y que todo encaje a la perfección.

Blanca Soroa, Patricia López Arnau y Nagore Aramburu son el triángulo actoral de Los domingos. Tres personajes tan opuestos como solventes en sus ideales, que buscan la felicidad de la protagonista, a su manera, Blanca Soroa, desde puntos totalmente contrarios. Hay búsqueda detrás de la cámara de la necesidad del respeto a la hora de las decisiones vitales por encima de la imposición. Aun así, el dibujo que el guion tiene de las personas que rodean a Ainara es tan dispar como respetable, pero ¿recibe ella el mismo respeto?

Otra de las virtudes de la directora ha sido sacar de zonas de confort a actrices como Patricia López Arnau, que llevaba varias películas donde su personaje parecía deambular por el mismo eje. Y a Nagore Aramburu, que dentro de su semblante tan sobrio y relajante lo hace desde otra mirada y serenidad. Ambos personajes son el contrapunto en Los domingos. Siendo la vehemencia por parte del personaje Patricia y la serenidad en el de Nagore, que están tan bien delimitados.

Los domingos se encuentra en estos momentos en cartelera, dentro de la programación del Festival de Cine por Mujeres (sold out) en la Sala Berlanga, y seguramente será una de las películas más demandadas en la Fiesta del cine de noviembre.

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