Lo más satisfactorio de cualquier propuesta es dar lo que promete, y que todo aquel que lo disfrute lo vea así. Desde La estrategia del caracol podemos decir que Un mar de canciones nos dio el pasado día 11 de julio en Torreperogil tres conciertos que fueron involucrando al público en la medida en que los artistas daban todo lo que tienen con su repertorio de palabra y voz.
El arranque fue por parte de la joven jiennense Ana Cárdenas, quien aportó la vitalidad de su edad y su ímpetu a la hora de presentar cada una de las canciones, de mostrarse tan sencilla como sus composiciones, pero con ese poso que da la música de autor, donde cada palabra tiene su significado con cada estrofa y con cada entonación. Canta a la vida, a las vivencias y a la experiencia propia, recordando mucho a su familia, por lo que hizo de su concierto algo totalmente cercano, sensible y natural. Sus letras nos llevan por ensalzar a la persona, por el hecho de hacerse valer uno mismo. Al inicio ella misma nos dijo que cuenta y canta, y lo pudimos disfrutar; su voz nos invita a ver cada una de sus canciones como una reflexión, como quien establece una conversación de tú a tú. Durante su actuación nos deleitó con canciones de su último EP “El Viaje Elemental”, con el que nos trasladó a la piel de lo humano. Con la canción «La normalidad» nos llevó por melodías de vals, dando un toque distinto a su concierto.

Nuestro segundo plato del menú de Un mar de canciones fue Pedro Pastor y Los locos descalzos, que están de gira con su último trabajo Escorpiano. Arrancaron con Homo Sapiens, que tiene dos factores: ser un punto de referencia de todas las canciones del disco y que la buena onda ya está puesta en el escenario por su parte, y de ahí en adelante sólo falta cautivar y conquistar al oyente, algo que es fácil con la dinámica de los cuatro en el escenario. Esa compenetración entre ellos, dando visibilidad a cada uno de ellos en todas las canciones, hace del conjunto un uno propio, convirtiendo su concierto en una convivencia de amigos, que disfrutan y nos hacen disfrutar. Además de recorrer Escorpiano, nos deleitaron con la última colaboración de Pedro Pastor con Silvio Rodríguez, con Los olvidados, y con sonidos que evocan rumbas, cumbias y esos raps que Pastor tan bien sabe llevar con sus letras más sociales; ojo, que todas sus composiciones van por ahí, y donde pudo incluir, ¿quién iba a decir que íbamos a bajar a Jaén para pasar frío? Una noche ventosa que se animó con la musicalidad y complicidad de todos en cada canción, incluso con esas coreografías armoniosas y animosas.

Como colofón, y buen postre, Morgan cerró Un mar de canciones, un concierto lleno de vitalidad a la par que emotividad, ya que la formación sabe impregnar un directo con el mayor de los dinamismos equilibrado con su parte compositiva, con esas canciones donde la musicalidad alcanza el mayor clímax con la compenetración escénica y con la calidad de sus letras. Nos llevaron por su HOTEL MORGAN, con la calidez de la voz de Carolina de Juan, a la par de su garra, que junto con la banda llenaron de armonía el final del festival de Torreperogil. Una Carolina totalmente emocionada, que no sabría decir cuántas veces dio las gracias por la acogida y por la gira, se sentía tan contenta como sincera, y brillaron su voz y Morgan al completo, recuperando a Alejandro Ovejero para el concierto. Una estancia mágica y un viaje espléndido, pese al frío de la noche veraniega jienense, que subió la temperatura con los bailes que tuvieron lugar al son del ritmo de Morgan, de su potencia, energía y positividad. Este disco tiene unos toques más rockeros a los que nos tienen acostumbrados Morgan, pero posee su esencia, su versatilidad en su conjunto, y que dejó su impronta en el festival como si de un viaje fuera, no sólo por ese hotel, que vio crear el disco, por su trayectoria y toda su discografía; como en cualquier concierto, siempre hay un poquito de todo, para mostrar de dónde vienen y hacia dónde van.

