Las vidas de Marona, de la directora Anca Damian con guion de su hijo Anghel Damian, con fecha de estreno 13 de marzo, no sé si fue posible que estuviera ni siquiera ese día en algún cine, pero espero que esté en cartelera cuando se vuelva la normalidad y que todos puedan disfrutar de ella.

No me había olvidado de la cinta, porque deja su huella, pero ayer viendo las noticias y oír que una perrera de Salamanca se había quedado sin perros, pues todos habían sido adoptados, no pude por menos que recordar varias de las historia que están la cinta.

La adopción y la tenencia de animales, sin tener conciencia de lo que se tiene en casa es uno de los argumentos, y a su vez denuncia, que tiene la cinta. De una manera sutil, pero que deja en evidencia como no siempre se tienen los animales de compañía por amor, si no por mero postureo o contentar a alguien.

La vida de Marona narra la historia de una perrita que tiene hasta el final de sus días tres familias. La primera hace que la perra sueñe, la segunda al principio que se sienta protegida pero luego usada, y la tercera y última un poco más de lo mismo hasta que ella es la ayuda para la familia.

En la parte visual nos encontramos con una película que por momentos dibujos animados que nos recuerdan a lo que se pintan en la infancia, donde la creatividad cobra un lugar importante, y es lo que aquí se refleja esa manera simple pero que llega a todos. Pero al mismo tiempo está dotada de un movimiento que nos hace llevar un buen ritmo para seguir los dibujos de la mano del guion y fundiendo las tres historias de corrido sin perder ningún momento el argumento y el hilo.

El inicio muestra la imagen de un niño viendo pasar la vida por delante pero quien la ve es ese perro que nos va a narrar su historia en off, va a relatar lo que ladra y siente, pero no puede hablar.

En todo momento el guion está comparando a los humanos con otras razas, con símiles de amor, de trabajo, con la maternidad y paternidad para todos. Es un canto a la unión, a la verdad y a mirar con amor y no con desconsuelo como esos perros abandonados, que rebosan calidez y luz en sus ojos.

Hay una frase que que me llamo mucho la atención: Lo que unos llaman tener sueños, yo lo llamo no ser feliz, porque quieren lo que no tienen. Al final, ese pensamiento de Marona, es el resumen de la sociedad capitalista y materialista donde el egoísmo y la posesión finalmente es lo que prevalece muy por encima de los sentimientos.

En esos dibujos, a veces un tanto singulares y psicodélicos, por color y movimientos, Las vidas de Marona aboga por un mundo sostenible, un mundo animal querido y la necesidad de la felicidad con uno mismo para una realidad llevadera.

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