Mostra de Cinema Rural “Al nostre ritme” de Villores, Castellón, el año pasado no realizó su cita anual cinematográfica, que tiene lugar por estas fechas, debido a la pandemia, pero este año no han querido dejar descubierto su sesión de cine, cultura y naturaleza, aunque sea en otro formato. Por ello en 2021 ha nacido Apimostra la unión de Mostra de Cinema Rural “Al nostre ritme” y Apivillores.

Esta fusión de asociaciones y eventos hace que cada uno ponga su granito de arena para que el próximo día 31 de julio sea toda una jornada cultural, donde el hilo conductor sea la apicultura. A ambos les unes lo rural, lo cercano y lo natural y aquí en AquiMostra, Al nostre ritme elige y aporta la película: Honeyland, y su trayectoria hablando de la naturaleza como en ediciones anteriores y Apivillores la experiencia en lo referido a la temática que se trata, ya que tiene bagaje sobre el turismo apícola en la comarca de Els Ports, con talleres formativas y visitas a las colmenas. Por ello entre ambos nos ofrecen la siguiente oferta cultural, ruta, talleres, feria, charlas, proyección y coloquio:

  • 11:00 a 13:00 Ruta-taller de identificación de plantas de luna de miel. Al regreso a Villores, taller de vela Inscripciones en: apivillores@gmail.com / whatsapp 633820736.
  • 17:00 am a 19:00 pm Feria de productos locales y locales. Mesa informativa sobre la iniciación a la apicultura.
  • De 19:00 am a 20:30 pm La apicultura como recurso importante para el territorio. Muestra de beneficios y proyecciones alrededor de las abejas.
  • 22:00 pm Proyección de película Honeyland por Ljubomir Stefanov y Tamara Kotevska.
  • 23.30 pm Coloquio sobre la película. Apicultor en otro país, la fuerza de un trabajo. La vida de una gran mujer dedicada a la apicultura artesanal.

Honeyland de Tamara Kotevska y Ljubomir Stefanov 

Arder como la vela y consumirse
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse

Ir y quedarse, y con quedar partirse de Lope de Vega

Texto de Susana Peral:

Ya desde el comienzo Honeyland atrapa por la imagen, por los silencios que llenan la vida de la protagonista, sus rutinas, sus labores y su amor hacia la naturaleza y la madre. Esa convivencia que se nutre del cuidado, entre ambas, aunque parezca que solo va de una parte, pero es de doble sentido, como los caminos que anda de camino a sus colmenas, y a vender su miel.

Hatidze es la última mujer recolectora de abejas en Europa, lleva una vida humilde, cuidando de sus abejas casi sin medios, y al mismo tiempo sin temor. Viviendo con toda naturalidad cada paso que tiene que realizar para ese proceso de creación que lleva a cabo. Ahora su mundo se verá alterado por unos recién llegados a su pueblo, quienes piensa que pueden aportar algo a su vida.

Sumar o restar a veces tienen una diferencia mínima, lo que a veces pensamos que nos da, realmente nos está quitando. Es lo que le pasa a la protagonista de Honeyland, lo que cree que en novedad será un revulsivo en su vida, es todo un tormento. Es todo un símil de lo que somos cada uno de los humanos a la naturaleza en sí. Porque ahí se está valorando la tradición y la cultura por encima de lo material, pero lo que aparece en la vida de la protagonista no es así.

Una cinta llena de colores vivos, esos verdes y amarillos, que podemos ver en los parajes que se nos muestran, en los panales, y que la protagonista luce en sus vestidos, colores vivos, como ella misma se siente, y es algo que la película quiere trasmitir la vida en todos los sentidos, y la necesidad de conversar las tradiciones por encima del consumismo que tenemos ahora mismos.

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